En
este artículo se presentan las principales justificaciones del valor educativo
de los contenidos de la educación física desde una perspectiva diacrónica. Las
justificaciones dan sentido a la enseñanza, pretenden influir o cambiar algún
comportamiento, creencia o conocimiento y buscan mejorar la práctica docente.
Lo
que actualmente conocemos como contenidos de la educación física escolar son
las practicas físicas que han ido incorporándose al largo del proceso de profesionalización de la educación física. Las
prácticas sociales se aceptan como normales porque vienen prescritas por el currículo
oficial y no parecen necesitar esfuerzo justificativo alguno. Sin embargo, la
práctica de actividades sin tener una idea de lo que se quiere hacer con ellas
es un signo de que no son educativas. Sin la intencionalidad de conseguir algún
beneficio, puede haber aprendizaje, pero no educación.
Desde
el inicio de la educación física, colectivos diferentes le asignaban algún
valor o función social o educativa. Esta justificación socializadora todavía
sigue siendo importante en nuestros días. Las argumentaciones del valor de los
contenidos giraban alrededor de <<la educación de lo físico>>, ya
que la educación se dividía en educación intelectual, moral y física. Herbert
Spencer decía que “la primera condición de éxito en la vida es la de
<<ser un buen animal>>, y la primera condición de prosperidad de
una nación, la de componerse de <<buenos animales>>. Sin embargo,
un número cada vez mayor de educadores reorientaron la justificación de la educación
física y sus contenidos más allá de lo físico o corporal. Este propósito se
apoyaba en el supuesto de que cualquier ejercicio físico requería algún tipo de
operación intelectual y alguna determinación de la voluntad.
El
interés pedagógico por ir más allá dio forma a una nueva justificación <<educación
a través de lo físico>>. Con esta ideal, la educación física tiene que
preocuparse por las respuestas emocionales, las relaciones personales, los
comportamientos de grupos, los aprendizajes mentales, y otros resultados
intelectuales, sociales, emocionales y estéticos.
Peter
Arnold propuso una nueva estructura conceptual para la educación física, una conceptualización
de tres dimensiones interrelacionadas:
-
La educación sobre el movimiento.
-
La educación a través del movimiento.
-
La educación en movimiento.
La
primera dimensión, la educación sobre el movimiento, se refiere al campo de
estudio o cuerpo teórico de conocimientos de la educación física. El autor le
asigna un valor intrínseco, vinculado a una función educativa. La segunda dimensión, la educación a través
del movimiento, tiene un propósito instrumental o utilitario, porque se
relaciona con fines y valores extrínsecos con los que el movimiento está
indirectamente asociado como el desarrollo estético y moral, la salud, la socialización
o la ocupación del tiempo libre. La tercera dimensión, a educación en
movimiento, está relacionada con los valores intrínsecos o inherentes a los
contenidos prácticos de la educación física. Considera que la práctica de
actividades físicas es algo valioso en sí mismo porque permite a la persona
autorealizarse o autoconocerse en diversos contextos. Se trata del conocimiento
práctico y personal que solo se puede conseguir con la participación activa
para conseguir el “saber cómo”.
Los
valores educativos de los contenidos no se encuentran en ellos mismos, sino en
la valoración que les asignamos y esto depende de la intención con que los
enseñemos. Sin embargo, muchas veces, incluso con la intención de favorecer el
sentido positivo (educativo) de la práctica el resultado es el contrario. Así
que no podemos dejar la práctica de los contenidos sin la intención de
favorecer algún valor educativo. No obstante, el deporte, como cualquier otra
actividad de la vida, puede transmitir valores deseables o no deseables y trasladarse
a la vida cotidiana de los implicados, según el tipo de relaciones
interpersonales del contexto social de su práctica. Eso significa que el
contenido esta inevitablemente vinculado a las relaciones interpersonales del
contexto social en que tiene lugar, porque siempre que hay práctica se producen
interacciones. Además, según resulten dichas interacciones, su influencia sobre
los participantes será de un tipo u otro.
La
justificación autotélica o intrínseca de los contenidos o prácticas físicas
parece no tener en cuenta los factores y condiciones sociales y contextuales
que rodean a los contenidos, no tiene en
cuenta la interacción social. Pero Arnold dice claramente que para que
una actividad o contenido sea intrínsecamente valioso además de promover el
conocimiento y la compresión debe realizarse en condiciones moralmente
aceptables. Se insiste en que los contenidos no pueden separarse de las
condiciones en que se realizan, practican o enseñan. Dichos contenidos de la
educación física también dejarían de ser educativos si su práctica se opone a
las misiones o metas de la profesión de la educación física.
Remarcar
que los contenidos nunca se producen en el vacío sociocultural y ausente de interacciones
sociales. Son inseparables, porque son prácticas sociales y eso implica que las
personas les asignemos valores, las realicemos en interacción con otras
personas y resulten fundamentales las condiciones morales en su desarrollo.
Los contenidos de la educación física pueden alcanzar
valores educativos si las experiencias que ofrece a los participantes son
placenteras e intrínsecamente satisfactorias (intencionalidad educativa),
cuidamos las relaciones sociales en dicho contexto y las desarrollamos en
condiciones moralmente aceptables.
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